Esa noche, yo, David, salí de mi casa a buscar leña al monte.
Hacía mucho frío, un clima habitual de un 3 de Enero durante el invernal crepúsculo norteño.
Pese
a las bajas temperaturas, el ambiente era relajado. Con el rocío
congelado sobre las hojas de los nogales y sobre los troncos de los
árboles caducos, un estrellado y oscuro manto sobre mi testa y un
silencio casi sepulcral, donde el único sonido que se oía era el propio
silencio.
Seguí subiendo por la loma de la pequeña montaña hasta
encontrar un encinar con ramas bastantes secas. "Esto seguro que prende
bien y calienta la casa" - pensé - así que procedí a cortar la leña y
apilarla cuando tuve la cantidad óptima. Era hora de bajar, el sueño se
apoderaba de mi consciencia.
Durante el descenso, a un lado, vi a
otro hombre que también estaba cortando leña, para esta noche, supuse y
unos metro más abajo una pareja que hacía lo mismo.
De repente, se
oyeron tres disparos de una escopeta de caza y tanto el leñador como la
pareja cayeron desplomados al suelo, abatidos por el arma de fuego.
Pensé en socorrerlos pero era algo tarde, ya habían perecido o por lo
menos estaban graves, así que me apresuré a bajar lo más rápido posible
por la ladera y avisar de urgencia al equipo médico del pueblo y al
guardabosques. Tenía mucho miedo, soy bastante aprensivo y más sabiendo
que puede haber un loco suelto por el monte rondando mi casa y con una
escopeta de caza...
De todas formas no era momento de preocuparse,
tenía que salir de allí lo más rápido posible. O escapaba yo del monte o
escapaba el corazón de mi cuerpo ¡Menudas taquicardias!
Estaba
exhausto, paré un momento a tomar aliento en un claro del bosque, no
podía más... entonces, para mi sorpresa aparecí en frente mío. Sí, yo
mismo aparecí en frente mío, era mi doble o algo así, pero algo más
oscuro, tanto la ropa como el tono de piel. Era apagado y lúgubre y
portaba una escopeta de caza humente, recientemente usada. Con voz ronca
y grave me dijo:
- ¿Por qué los has matado?
- ¿Q.. qué?¡¿Có.. cómo?! - exclamé sobresaltado por la situación.
- Ya me has oído... eran personas inocentes - contestó
-
Pe.. pero si tu eres quien lleva el arma cargada... !Tú los
mataste!¡Los mataste y ahora quieres culparme a mi ó quieres arrebatarme
la vida como a ellos ó que sé yo! - reproché casi llorando por la
amalgama de miedo, ira e impotencia...
- Además ¿Por qué te pareces tanto a mi? - continué...
-
[...] No... estás equivocado, no me parezco a ti, soy tú, soy tus
sentimientos más oscuros, soy tu odio y tu locura, soy tu ira y tu
enagenación, pero a diferencia de ti no tengo cuerpo físico, soy una
tiniebla. - respondió serenamente
- ¿Y entonces... cómo los mataste?¿Cómo apretaste el gatillo? - dije confuso
-
No me has entendio... no has entendido nada de lo que he dicho... solo
soy tu oscuridad, yo no apreté el gatillo, yo no los maté, no puedo
acabar con nadie, pero los que me poseen conversan a menudo conmigo. Yo
no apreté el gatillo...
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