domingo, 31 de marzo de 2013
Pigmentos de sangre [Narración mediana]
Desde hace un par de meses se suceden los acontecimientos atroces en Zarinsk, una ciudad rusa de unos cincuenta mil habitantes a orillas del río Chumysh. Una ciudad definida por la escala de grises y apagada como otra cualquiera, sin más color que el de los carteles publicitarios, repleta de colmenas distribuidas de forma lineal a lo largo y ancho del territorio donde habitaban sus ciudadanos.
Decenas de cuerpos sin vida se hallan cada semana en las proximidades del río, lo que ha puesto en alerta tanto a las autoridades locales como a los carroñeros de la prensa sensacionalista.
Uno de los agentes que se encarga de tratar el caso es Yuri Záitsev, inspector jefe del departamento policial de Zarinsk, veterano curtido en cientos de casos y gran experto en crímenes de difícil resolución. Es un hombre robusto y corpulento que luce un tupido pelo blanco propio de su edad.
A Yuri le acompaña un corresponsal novel ávido de ganas de aprender, Andrei Vólkov, un tanto inmaduro y despreocupado pero periodista de vocación.
Andrei es joven, de pelo rubio y corto.
Ambos tratan de recopilar información sobre el caso, hasta el momento solo saben que todos los casos son de asesinato y pertenecen al mismo (o mismos) autores, el móvil del crimen es idéntico:
- Cada cuerpo aparece con una herida profunda de arma blanca en el centro de su abdomen, con desgarro de la arteria aorta.
- Todos llevan un lienzo clavado en su espalda con un dibujo diferente pintado con la sangre de la víctima.
- Los cuadros están firmados por el mismo autor “Synd’el”
Las autopsias no aportaron nada nuevo, ningún resultado aclaratorio, así que decidieron cooperar y indagar a partir de las pistas que tenían.
“¿Qué podemos hacer? ¿Por dónde empezar?” – preguntó Andrei.
“Deberíamos centrarnos en lo que tenemos más a mano…” – respondió Yuri
“… ¡Ya sé! Andrei, por favor ¿podrías proporcionar información sobre “Synd’el”? – continuó el policía
“Por supuesto, veré que puedo hacer y lo que encuentro, en cuanto sepa algo te llamo” – acabó el periodista.
Así que dicho y hecho, Andrei buscó por Internet sobre el nombre del autor de la sádica obra, no encontró nada concluyente así que indagó en la biblioteca pública a ver si en algún libro de bellas artes salía aparecía algo sobre “Synd’el”.
Después de horas repasando libros de distintas épocas pictóricas y sobre cuadros e historia del arte ya era capaz de diferenciar sobre obras renacentistas y barrocas, conocía más de 50 pintores de cada siglo pero no tenía todavía ninguna idea sobre el nombre que debía investigar.
Decidió ponerse en contacto con un amigo suyo de la facultad, era un amante del arte y un erudito sobre temas pictóricos, así que si él no sabía nada sobre “Synd’el” era muy posible que eso no fuese más que un apodo sin sentido y era consciente de que tendrían que tirar por otro lado si querían algo de provecho. Se aferró a sus esperanzas, cogió su teléfono móvil y tecleó el número de Alexandr.
“Alex, soy Andrei, estoy aquí muy liado con una labor de investigación sobre unos crímenes ocurridos cerca del Chumysh, tema asesinatos y tal, así que ando colaborando con la policía y me piden que busque información sobre el nombre del macabro artista y pensé que tú y tu amplio conocimiento en el arte me podríais ayudar” – explicó el joven periodista.
“¡Claro amigo! No tengo problema en ayudarte, de hecho ya estoy un poco al tanto de los casos, los medios de información me tienen la cabeza saturada, no hago más que oír hablar sobre el caso así que ya me he tomado la molestia de buscar información sobre … ”Synd’el” ¿verdad? – respondió entusiasmado por poder colaborar.
“¡Sí, has dado en el clavo! ¡Sabía que podía contar contigo! – exclamó contento Andrei.
El silencio reinó durante dos intensos segundos hasta que el periodista cayó en la cuenta y preguntó:
“Por cierto ¿qué sabes sobre “Synd’el”? Es que con la euforia del momento se me ha pasado por alto preguntar”
“Te envío un correo mejor, he recopilado información de diversas fuentes, pero grosso modo, según la mitología centroafricana, Synd’el, era el dios de los colores y la belleza.” - informó Alex.
“¡Mil gracias! Espero tu correo, enseguida me pongo en contacto con el departamento ¡por fin avanzamos!” – respondió Andrei antes de colgar.
Seguidamente telefoneó al número personal de Yuri y enérgicamente dijo:
“¡Yuri! Tengo la información que me pediste, sé quién es Synd’el, es una deidad centroafricana de los colores y la belleza, ahora me enviarán más datos al correo, cuando me llegué te lo mando sin perder un segundo”
“Bien hecho, justo lo que quería, envíamelo cuando lo tengas” – sentenció el policía.
Así que Andrei se puso manos a la obra y nada más llegarle el correo hizo lo propio y se lo reenvió al agente.
A la mañana siguiente, a eso de las 6, cuando el sol todavía se mostraba perezoso, el periodista y el inspector se reunieron para buscar más pistas sobre el tema, habían analizado al dedillo cada pieza de la información proporcionada por Alexandr así que llegaron a algunas conclusiones. Por ejemplo, según Yuri, el artífice del delito tenía que ver con el mundo del arte o incluso, ser pintor, de hecho se decantaron más por lo último ya que, en primer lugar, los lienzos tenían una calidad increíble, sobre todo teniendo en cuenta que estaban realizados con la sangre de sus víctimas y en segundo lugar era difícil que una persona no relacionada con el arte supiera quién era Synd’el como para firmar con él. De casualidades no se vive.
Yuri movilizó a todo su personal. Unos presionaron a los jueces del distrito para que le consiguieran órdenes de registro sobre los artistas reconocidos en la zona, otros se movilizaron al río y organizaron un perímetro de vigilancia para evitar que siguieran apareciendo cuerpos o bien, dieran por casualidad con el criminal, y los últimos fueron a interrogar a los pintores de la ciudad.
Después de varios días y tediosos procesos, solo tres artistas eran verdaderamente sospechosos, primero, por no tener una coartada sostenible y después, por su mentalidad: cerrados, retraídos, algo misántropos y con una colección grande de pinturas góticas, de parajes tenebrosos o escenas macabras.
Gracias a la presión del cuerpo de policía se consiguieron las órdenes judiciales de registro verdaderamente rápido, así que procedieron a investigar a fondo las propiedades y pertenencias de cada sospechoso, que cierto es, no pusieron ninguna pega ni impedimento.
Yuri y su equipo revisaron cada esquina de cada fracción de cada casa, coche, chaqueta y obra, mientras, Andrei, fotografiaba todo lo que encontraba para analizarlo con más tranquilidad en el laboratorio forense.
Pese a ser tres entes extravagantes ninguno tenía nada que le inculpara o que si quiera, diera una pista de algo, así que antes de dejarlos libres, pasaron por una rueda de preguntas más en el despacho de Yuri, esta vez él mismo hizo las preguntas.
Solo uno aportó algo de información, Gleb Gosha, el más hablador de los tres pero tan estrambótico como los otros dos.
“Así que sabe quién puede estar detrás de esto ¿no?” – repitió por enésima vez Yuri.
“Jejeje, mucha gente, el arte va y viene, todo el mundo puede ser artista, cualquiera puede pintar” – respondió en tono burlesco Gleb.
“Lo que hay que aguantar… si sabe algo dígalo ya o no marchará, le retendremos el máximo tiempo posible hasta que lo escupa, sea bueno y colabore, podrá irse como ellos dos” – dijo haciendo alusión al par de pintores que ya no eran sospechosos.
“Realmente no sé nada esclarecedor, lo único que sé es que el arte es como la telefonía móvil en la actualidad, está en todas partes, así que cualquiera pudo haberlo hecho” – se sinceró el artista.
“Está bien, le creo, puede marchar… tampoco íbamos a llegar a nada…” – concluyó con una mueca de desesperación el agente.
Tomó nota de las declaraciones de Gleb y salió de la sala.
Volvió a casa con la mente hecha un embrollo, tenía sobre la mesa un puzle de muchas piezas de las cuales tenía la mitad, o eso creía… De modo que prefirió tomarse un descanso y dormir, mañana le esperaba un día agotador, mentalmente agotador.
Duchado y desayunado arrancó su coche hacia la oficina, no había hecho más que darle vueltas a todo lo acontecido la última semana, su cerebro era un mar de dudas donde se fraguaba el colapso.
Durante cuatro horas no hizo más que darle vueltas a lo mismo y siguió dando palos de ciego, algo se le escapaba, así que llamó a Andrei para que le echara una mano, ya que aun siendo algo despistado, tenía una mente bastante analítica y quizás le serviría.
El joven se presentó en el despacho a eso de las doce del mediodía, se había tomado la molestia de analizar algunas pruebas nuevas en casa pero sin resultado aparente, así que esperaba que Yuri tuviera algo más, de lo que él carecía. Así fue, el inspector poseía las declaraciones de cada sospechoso. No vaciló un instante, se sentó junto a Yuri y comenzó a analizar paso por paso cada declaración, intentando leer entre líneas y captando posibles pistas, aun siendo remotas.
Se hicieron las dos, los demás agentes y personal de oficina marcharon a comer, ellos siguieron indagando. Pasaron horas y horas hasta que Andrei se detuvo en la declaración de Gleb, sospechando, murmurando… algo le inquietaba. No paraba de repetir “teléfono móvil… ¿y por qué?” así que al verlo tan agitado, Yuri le preguntó:
“¿Qué pasa Andrei? ¿Has encontrado algo tangible?”
“No… no sé, bueno, se me hace raro…” – respondió notablemente preocupado el periodista.
“¿Sí o no? Llevamos insistiendo, no hemos comido si quiera, si has encontrado algo dímelo, no podemos permitirnos seguir dando palos de ciego” – comentó Yuri de forma entusiasta.
“Bueno, es que concluyente no sé si es pero… se me hace raro que compare la pintura con un teléfono móvil, no sé si sabe algo o simplemente lo ha dicho a boleo y ha despertado mi imaginación o algo… me da que los tiros pueden ir por ahí aunque Gleb no tenga nada que ver, mi intuición me dice que tiene algo que ver con móviles…” – argumentó Andrei.
Acto seguido, Yuri se levantó enérgicamente de la silla y preguntó a Andrei:
“No me gusta sospechar pero… Alexandr, el amigo tuyo ese, al que le gusta el arte y pinta y eso… ¿vive cerca de Zarinsk?
“No estarás pensando… no… jeje, Alex no tiene nada que ver, se me haría muy extrañ…” – respondía a medias tintas Andrei.
“Por favor Andrei, confío en ti, cualquier artista es sospechoso, incluso tu amigo… solo respóndeme” – suplicó calmado pero interrumpiendo Yuri.
“Sí… vive cerca, en las afueras a unos 10km, en un pueblo entre Zarinsk y Novoaltaysk” – comentó vacilante el periodista.
“Ya veo, está un poco alejado del perímetro que habíamos preparado, normal que se nos escapara y solo sospechásemos de esos tres personajes…” – dijo Yuri
“Bien, manos a la obra, mandaré a los demás agentes a por una orden de registro, mientras tú y yo iremos a hablar con Alexandr, siendo amigo tuyo será fácil convencerle de que salga si es el supuesto asesino” – continuó el inspector.
“Va… vale… lo veo bien, quiero decir, me parece bien que se interrogue a cada sospechoso pero… hay algo que se escapa… ¿por qué nos intentaría ayudar pues en la investigación? Él me proporcionó la información sobre Synd’el” – pronunció dubitativo Andrei.
“Quien sabe porque el ser humano hace lo que hace… los astros sabrán, yo desde luego no… pero quizás fue para quitarse las posibles sospechas de encima o no sé… de todas formas, si resulta que él tiene algo que ver con todo esto, habrá tiempo de preguntarle, así que no te sulfures y no perdamos más tiempo ¡Vamos!” – concluyó Yuri.
Pusieron rumbo al paradero de Alexandr.
En su casa no había nadie, o por lo menos no contestaba, tampoco parecía haber restos inculpatorios cerca, así que el inspector se saltó el protocolo:
“Vamos a entrar” – dijo Yuri
“Eso es allanamiento, no tenemos orden” – explicó el periodista
“Bah… dios sabe cuánto tardaría una orden, en ese tiempo le da tiempo a volar a las antípodas, deja tus escrúpulos de lado y saca la ganzúa, esa ventana tiene una cerradura endeble, no nos llevará tiempo” – susurró el agente.
Así que dicho y hecho, fue cuestión de pocos minutos abrir la ventana y encontrarse dentro de terreno desconocido. A partir de ahora irían con pies de plomo por no alertar a posibles moradores en esos momentos.
Registraron las habitaciones, la cocina, el baño… todo, de arriba abajo, enseres personales, cajones, todo.
Andrei, encaramado en la barandilla del segundo intentó tomar las fotos de todos los rincones y la cámara precipitó al vacío rompiendo un tabique del suelo.
“Mierda, se me ha caído la cámara” – exclamó el periodista.
“Que patoso eres, mira que como haya alguien…” – dijo irritado Yuri.
“Calla ¡Fíjate ahí! Donde ha impactado mi cámara, hay un boquete, el suelo tiene doble fondo, ahí hay un subterráneo” – objetó Andrei.
“¡Oh, sorprendente! Punto para la ciencia, otra vez descubriendo cosas por la mera casualidad, gracias Newton” – dijo enorgullecido el policía.
Bajaron al primer piso e hicieron un poco más grande el hueco hasta poder caber. Descendieron por el agujero y observaron el claustrofóbico paisaje, era un largo y lúgubre pasillo del cual no se veía el fin.
Algo inquietados y asustados entraron, proveídos por una linterna policial, una pistola Glock 17 de 9 mm y el flash de la cámara.
No tenían ni idea de dónde irían a parar. Caminaron unos largos dos kilómetros aproximadamente a paso de caracol sin babas, por precaución y miedo.
Al final del túnel vieron un portón metálico entreabierto. Se armaron de valor, de munición y de chalecos antibalas y procedieron a entrar. Yuri se encargaría del posible criminal, aunque lo hallado ya les daba una idea de que, efectivamente, Alex estaba detrás de todo, Andrei fotografiaría todo en busca de pruebas.
Cruzaron la puerta y quedaron boquiabiertos con la imagen. En una sala blanca de no más de 20m2 había una camilla de hospital rodeada de cuadros de color rojo, pintados posiblemente con sangre, un lienzo a medio acabar y lo más desconcertante y a la vez esperado, a Alex pintando sobre ese lienzo con la sangre del cadáver que tenía encima de la camilla.
“¡Arrodíllate y deja de hacer lo que estás haciendo! quedas detenido por asesinato en serie y homicidio en primer grado con arma blanca” – exclamó sorprendido Yuri.
“Tranquilo, ya lo hago” – dijo mientras se agachaba Alexandr.
“¿Por qué Alex? ¿Por qué tú?” – preguntó Andrei mientras fotografiaba todo el lugar.
“Quería llenar de color esta ciudad, demasiada oscuridad, la gama cromática no pasa del blanco, el gris y el negro. Mi obra iba a ser magnífica, solo unas cuantas pérdidas humanas por ver un paisaje colorido de precioso rojo” – respondió Alex con una mueca grotesca, como de locura desesperante.
“¿Y por qué nos ayudaste?” – preguntó el policía mientras le apuntaba con la pistola.
“Es obvio, así estaría fuera de sospecha y al vivir lejos no me interrogaríais” – contestó el lunático pintor.
“Mi labor ha terminado, mi obra magna ya se ha consumado, que pena que no podré verlo” – continuó Alex.
Sacó un bisturí ensangrentado de su bata y se degolló sin pensarlo.
Allí yacía el cuerpo del asesino del lienzo. Inerte, enfriándose a cada segundo. El caso había acabado, no podían hacer nada por él, pero por lo menos no seguirían habiendo asesinatos.
Dejaron todo en manos del equipo forense y llevaron el reporte a la oficina central de la policía, caso cerrado.
Yuri invitó a Andrei a tomar algo en su casa para celebrarlo, aun que este estaba bastante apenado por la muerte de su amigo. Era una mezcla entre amargura, rabia e incertidumbre, aun no era capaz de creer que Alex hubiera sido capaz de hacer eso y luego suicidarse delante de él demasiadas preguntas en mente tenía que ya nunca obtendrían respuesta.
Subieron en el coche de Yuri y se dirigieron a su casa, por lo menos para animar un poco la cara del pobre periodista y de paso para relatar la crónica del caso para el periódico para el que trabajaba.
Yuri abrió la puerta y fue al baño, con tanto alboroto casi no había tenido tiempo antes.
“¡¡¡¡Noooooooo!!!!” – gritó entre sollozos desesperados Yuri.
Rápidamente se dirigió al baño Andrei y palideció al ver la macabra escena. La mujer y el hijo de Yuri se hallaban en la bañera con un corte en el abdomen, un cuadro pintado, posiblemente con la sangre de ambos sobre el váter y una descripción escrita con la misma en la blanca pared, donde se leía:
- “La obra magna, el colorido en su estado más puro” firmado “Gleb” -.
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